martes, 8 de marzo de 2011

AMO LOS DÍAS DE LLUVIA .

Odio los días de lluvia. Para mí, son asquerosos… Todo es gris, no hay nadie en la calle, no hay nada que hacer. Son prácticamente inútiles, los detesto. Pero tienen algo, tienen una pequeña utilidad, pero a su vez muy grande: se llama REFLEXIONAR. No sé por qué pero son esos días en los que te quedas mirando por la ventana la lluvia caer y te pones a pensar en todo… Puedes estar segundos, minutos en incluso horas pensando cuando hay un día así y acabas dándote cuenta de que el que dice “no me arrepiento de nada de lo que he hecho en mi vida” es un idiota. Todos, absolutamente todos cometemos fallos, cometemos errores. Y cuando cometes un fallo tienes tres opciones: arrepentirte, aprender o arrepentirte y aprender. Me encanta la última, es la más ética. Es con la que ves que los errores son algo normal, todo ser humano los comete, en mayor o menor medida y con más o menos frecuencia… pero todo el mundo sin excepción. Porque lo bueno de la vida es que no es perfecta, que tiene fallos, diferencias, pequeñas lecciones de las que se va aprendiendo y haciéndote mejor persona. Y vuelvo a los días grises, que te hacen ver que al cometer un error, por gordo que sea, no hay que martirizarse toda la vida o estar decaído durante semanas, dando a entender que tu vida no tiene sentido y que se va a acabar. ESO ES UNA TONTERÍA COMO ESPAÑA DE GRANDE. Solo son errores. Hay que levantarse y decir: para la próxima ya lo sé. Porque no hay mayor ciego que el que no quiero ver. Y para empezar, esto me lo voy a empezar a aplicar a mi mismo, porque no tiene ningún sentido decir esto si yo no hago de lo que digo, sería hipocresía, y no soy hipócrita. Así que… GRACIAS A LOS DÍAS DE LLUVIA .

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